“…a menos que… alguien se interese de verdad, las cosas no van a cambiar jamás…”
Dr. Seuss, El Lorax
En días pasados fui al estreno de la película El Lorax. Este es un filme dirigido por Chris Renaud para niños pero sobre todo para padres de familia. La historia se centra en un personaje anaranjado, peludo y bigotón, cuya única labor es la de defender los árboles de Trúfula, cuya apariencia se asemeja más a un algodón de azúcar. Además la historia también tiene —como buena película gringa— una historia de amor adolescente entre un chico de 12 años llamado Ted con una chica de nombre Audrey, todo en una ciudad de plástico —literalmente— donde la sociedad ya no conoce los árboles reales porque ya se acabaron y entonces hay un cacique —como buena película gringa también— que les vende aire puro para llenar sus árboles artificiales y sus macetas y que prendan sus foquitos y bueno todo como en una ciudad perfecta, reflejando la relación consumista que por lo general impera en la sociedad norteamericana.
Una película interesante por el tema “de lo que dejaron de conocer las previas generaciones”. Habla también sobre el compromiso que se ha de adquirir con una causa, en este caso la causa del medio ambiente. Hay en ello algunas frases que se me hizo importante rescatar para poder situar a todos aquellos Lorax de la sociedad civil que todos los días trabajan por causas sociales que no se han podido atender correctamente. Aquí les comparto algunas:
-¿Para dónde cae un árbol?
-No sé, hacia el piso.
-¡Hacia donde se inclina...! ¡Mira bien a dónde te inclinas!
La frase se sitúa cuando uno de los personajes llamado Once-Ler, decide cortar todos los arboles de Trúfula, y así poder confeccionar su invento con el que hará mucho dinero, aunque con ello, devenga una crisis ambiental. El Lorax, le hace ver, que las personas caen justo cuando desmedidamente atienden sus ambiciones. En este caso el dinero.
Cuántas veces, hemos visto causas, organizaciones, personas que en atención a esa ambición desmedida, pierden todo, incluso la vida. Organizaciones de la sociedad civil que con el pretexto de una causa social, viven como “parásitos” o elefantes blancos bajando recursos de diversos fondos nacionales e internacionales, y usando medios lícitos, terminan no haciendo nada por la causa que defienden. Personajes de la vida pública o artística son otros ejemplos, empeñando la salud, la familia, la dignidad por ganar un reality show o conseguir un objetivo económico. Con ello solamente caen para donde están inclinados y terminan perdiéndolo todo. La reflexión quizá es que tal vez sí importen los medios usados para conseguir algo, porque si como en la película el objetivo era hacerse rico y demostrar que se era capaz de figurar por las personales capacidades, hay miles de formas de hacerlo, sin perder el equilibrio. La ecología por ejemplo. Empresas que a costa del daño a la salud y al ecosistema, producen sendos artículos para nuestro uso, pero que dañan el ambiente de una forma irreversible.
La moraleja quizá sea que la ambición hace caer cualquier causa o meta. La honestidad por el contrario es como un árbol que se fortalece para que otros disfruten de su sombra y sus frutos.
¡Soy Lorax y hablo por los árboles!
Esta frase, que me pareció la más significativa, tiene un doble sentido. Primero parece que el personaje afirma que habla a través de los árboles, pero no, se refiere a que habla en nombre de ellos. Muchos líderes sociales, muchas causas viven porque encuentran en sus defensores o promotores sombra para cobijarse. Cambiemos el contexto. En el Distrito Federal, hay una organización que se dedica a promover los derechos del no nacido, y su lema es “somos la voz de los que no tienen voz”, la cual me parece excelente para describir su labor. En ese sentido, el Lorax se convierte en la voz de los que no tiene voz, los árboles y el ecosistema completo.
Las organizaciones sociales y los líderes se convierten pues, en la voz de las causas que muchas veces no son escuchadas o vistas, llegando a otros auditorios donde puedan conseguir ayuda a dichas causas. El desarrollo social, la defensa de la vida, el cuidado del ambiente, la educación, la salud, la seguridad pública, son temas que en diversos tamaños y condiciones tienen quién hable por ellos para poder ir solucionando sus problemáticas específicas. Grandes corporativos televisivos—a quienes no niego criticar en algunas de sus formas—luego son portavoces de miles de estudiantes que gracias a proyectos educativos, tienen acceso a becas para terminar una carrera o la preparatoria. Otras organizaciones que se dedican a promover el desarrollo social, luego son portavoces de necesidades que se encuentran escondidas en los lugares más recónditos del país, para llevarles desde agua potable hasta piso y drenaje. En fin, las causas son bastas y los Lorax sociales van hablando por ellas.
Sin duda alguna, algo en lo que hay que seguir trabajando, es en que esa voz de los Lorax sociales se vaya profesionalizando, tal como lo dice una de las frases de la película: “esto ya no es una simple idea… tengo un camino por recorrer: tengo una visión”. Lo que seguro implica que las intenciones sinceras de ayudar, no se queden en emociones pasajeras, sino que se conviertan en estrategias con visión de largo plazo, para lo que hay que plantearse una ruta donde el aprendizaje sea parte de la agenda.
Finalmente, la frase prologal que usé del Dr. Seuss, de cuyo libro se adaptó la película de igual nombre, de “a menos que alguien se interese de verdad, las cosas no van a cambiar jamás”, nos deja un mensaje concreto: para poder mejorar algo, hay que hacer de ese algo una causa por la que bien valga la pena arriesgarlo todo.
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Twitter: @comandanteserra